El callej贸n del muerto
(Oaxaca)
Les relato la versi贸n del cronista Jos茅 Mar铆a Bradom铆n, que coincide con la de la mayor铆a de los escritores oaxaque帽os que han abordado este tema en sus obras, y que es la siguiente:
En el tiempo en que surge el suceso que origin贸 esta leyenda no hab铆a luz el茅ctrica. Los “serenos”, envueltos en amplias capas y provistos de una escalera y una alcuza, eran los encargados de encender los faroles de aceite y de gritar la hora y el tiempo. La noche en que fue asesinado uno de los “serenos” estaba muy oscura, el cielo encapotado no dejaba ver la luna ni las estrellas, como si se aproximara una tormenta. A la medianoche, cuando son贸 la 煤ltima campanada en el reloj de Catedral, el “sereno” rompi贸 el silencio de la noche para gritar: “¡Las doce y nublaooo!”, que como eco se fue repitiendo en todas las esquinas. Al apagarse las voces y volver el silencio, se escuch贸 un grito aterrador, doloroso y prolongado, proveniente de ese callej贸n. El aullido de los perros se mezcl贸 con los estertores del agonizante. Luego volvi贸 a imperar el silencio.
Poco despu茅s se vio a un hombre que caminaba a paso veloz pero sigiloso por la calle del Dos de Abril, con un farol en la mano, que le temblaba haciendo notar su estado angustioso. Sigui贸 por Divisi贸n Oriente y termin贸 en la iglesia de El Marquesado. Se dirigi贸 al curato y empez贸 a dar fuertes aldabonazos, hasta lograr que saliera el p谩rroco, quien algo contrariado le pregunt贸 el por qu茅 de su visita a esas horas de la noche fr铆a. Es que en uno de los callejones de atr谩s de La Soledad ha sido apu帽aleado un hombre y necesita confesi贸n, le respondi贸. Pero pudiste haber acudido a La Soledad o a San Jos茅, que es lo indicado, dijo el cura. No padre, contest贸 el “sereno”, es que el moribundo quiere que sea usted el que lo confiese.
Ante esa extra帽a petici贸n del moribundo el sacerdote acept贸, molesto por lo largo del camino y la oscuridad de la noche, pidiendo que alumbrara el camino y lo guiara el solicitante. El cronista Bradom铆n narra as铆 el surgimiento de la leyenda:
“A la mitad del callej贸n, tendido boca arriba yac铆a el “sereno”, moribundo, mostrando tremenda pu帽alada en mitad del pecho. Era una pu帽alada de mano maestra, que hab铆a hundido hasta el pu帽o la s贸lida y penetrante hoja. El hombre del farol lo se帽al贸 al cura: -Ah铆 est谩, padre.
-Bueno, toma el farol, que no lo necesito, y ret铆rate a cierta distancia mientras lo confieso.
Habi茅ndose retirado su acompa帽ante, el cura se inclin贸 sobre el moribundo y empez贸 a confesarlo. Fue una confesi贸n larga y penosa, interrumpida a cada rato por los espasmos de la agon铆a. M谩s la necesidad de descargar su conciencia hac铆a sobreponerse al moribundo que, al fin, pudo terminar su confesi贸n. Despu茅s que lo hubo absuelto el cura se dirigi贸 al sitio en que su acompa帽ante deb铆a aguardarlo, hallando tan solo la linterna. Dio voces repetidamente llam谩ndolo, pero nadie respondi贸. Intrigado por esta circunstancia y picado por la curiosidad de conocer qui茅n era aquel a quien hab铆a confesado en condiciones tan extra帽as, tom贸 el farol y volvi贸 sobre sus pasos para examinar al difundo, y entonces fue cuando, al levantar el extremo de la capa con que le hab铆a cubierto el rostro y observarlo a la luz del farol, se hizo cargo del por qu茅 su acompa帽ante ya no le aguardaba… ¡Aquel desconocido que ahora yac铆a cad谩ver, a la mitad del solitario callej贸n, era el mismo que hab铆a ido a llamar a la puerta del curato!… ¡El mismo que lo hab铆a conducido ante su propio cuerpo moribundo!… ¡Luego hab铆a confesado a un muerto y el propio muerto lo hab铆a guiado!…
Sobrecogido de terror, con los cabellos erizados y a tientas y como pudo porque no quiso volver a tocar la linterna que hab铆a ocupado el muerto, regres贸 al curato. Y muchos d铆as despu茅s, presa de una violenta fiebre, aquel buen cura a quien no se sabe qu茅 oculto y misterioso designio hab铆a escogido para participar en tan terrible lance, se debati贸 entre la vida y la muerte. No muri贸, pero funesta consecuencia de aquella espeluznante aventura, conserv贸 por el resto de sus d铆as una completa sordera en el o铆do con el que escuch贸 la confesi贸n del muerto”.
El oso de la oscuridad 馃惢



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