LA MUERTA QUE FUE A LA IGLESIA
Cuentan que hace muchos años en un pueblo cercano a la ciudad de Oaxaca, vivía una hermosa joven llamada Carmen, quien todas las tardes sin falta, asistía a la iglesia. Tenía el hábito de pasar varias horas rezando frente al altar. Muchas veces, ya de noche, los monaguillos o el sacerdote tenían que pedirle que se retirara para poder cerrar. Sin decir una palabra, Carmen se retiraba al día siguiente ocurría casi lo mismo. Se dice que desde niña, Carmen quería consagrarse a Dios y su mayor deseo era ser monja, pero a la muerte de su madre, tuvo que quedarse al cuidado de Don Bartolo, su padre. Don Bartolo, era un hombre estricto y tenía gusto por el alcohol. Al quedar viudo se tiró por completo al vicio. Vendió propiedades, ganado y toda clase de pertenencias. Gastó todo su dinero en parrandas y mujeres. Luego, se vió obligado a pedir prestado. El papá de Carmen, adquirió una cuantiosa deuda con Don Severiano, un viejo rico hacendado, a quien todos en el pueblo temian por abusivo y vio...